Alfarería y cerámica

Alfarería y cerámica

Tal vez estemos ante la rama artesanal más antigua y completa, ya que su elaboración reúne los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y aire. Su nacimiento, emparejada con el descubrimiento del fuego, vino a revolucionar las actividades humanas. En territorio michoacano dejó vestigios en las zonas arqueológicas, como en el caso de Yácatas o en las orillas de los lagos. Este trabajo inicia con la recolección de la materia prima, el pretexto idóneo para que el alfarero se reúna con su familia y se aventuren en la búsqueda de bancos naturales de barro, y cernirlo antes de humedecerlo y amasarlo. La variedad depende de la temperatura, el moldeado e incluso del secado y retoques: bruñida, alisada, policromada, vidriada, entre otras. No hace falta mencionar los finos trazos del barro de Tzintzunzan que rememoran las actividades del pueblo purépecha en referencia al lago más famoso de la zona o el trabajo de generaciones de los originarios de Patamban o de Ocumicho. Una elaboración que honra a la naturaleza y la pone al servicio de la humanidad.

Técnicas: Bruñida, Alisada, Vidriada, Alta temperatura, Policromada, Al negativo.

Un gran maestro artesano posee grandes dotes en el trabajo artesanal y una trayectoria reconocida a nivel estatal y nacional. Su refinado sentido de la estética, del discernimiento en las formas y en el color, además de su puntilloso gusto por materiales nobles, enaltecen su importante labor en la conservación de las técnicas y artificios de la región.

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